En el cuarto más importante de la temporada (el último del 5º encuentro de los ¼ de final), el equipo anotó una canasta de dos (Abrines) y tres tiros libres (Oleson) en 10 minutos. 5 puntos es demasiado poco para aspirar a jugar una ‘Final Four’. Y el Barça no fue capaz de encontrar esa regularidad que se le pide a cualquier conjunto que aspira a ser campeón de Europa. El choque de ayer en la lejana y fría Krasnodar, define muy bien el guión de una campaña irregular. Una montaña rusa de sensaciones que deja una herida difícil de cerrar. El equipo carece de carácter en los momentos puntuales de los partidos y la mentalidad – débil y frágil – es el problema de muchos factores. Cuando las cosas se ponen cuesta arriba, los jugadores entran en un bucle (casi) imposible de salir. Y así es muy complicado tener esa regularidad necesaria. Para ganar hay que creer. Y para creer hay que tener fe. Un ejemplo, es el del australiano del Lokomotiv Kuban, Ryan Broekhoff: antes de empezar el quinto duelo de la serie, acumulaba un 0/10 en T3. Ayer, en el choque definitivo, se clavó un 4/6 decisivo para ayudar a los rusos a ganar el partido y clasificarse para la F4. Autocrítica, reflexión, fin de ciclo. Son las palabras que más se escuchan y más se leen en la resaca de un partido que puede ser el principio del final. Se viene de una temporada en blanco y, tras una profunda renovación de la plantilla, el equipo sigue sin responder en los momentos clave (eliminados en los ¼ de Copa a manos del Dominion Bilbao y, por segundo año consecutivo, fuera de los cuatro mejores de Europa). Queda luchar por la Liga ACB. La única tabla de salvación para un Barça que intenta recuperar el carácter ganador.