La mejor manera de dejar atrás la dolorosa derrota en la Final de la Liga ACB (3-0) y en la Final de la Copa del Rey (71-77) contra el eterno rival, es ganar dos veces consecutivas ante su gente y en su casa. El FC Barcelona Lassa quiere cambiar la dinámica de los últimos tiempos y, aunque sea algo prematuro, la canasta en el último segundo de Justin Doellman puede ser el inicio de un posible cambio. Después de un parcial de 18-0, perdiendo por 16 en la segunda parte y sin Juan Carlos Navarro por lesión, el Barça tiró de orgullo y de carácter para ganar su primera finalísima de la temporada. Esa suspensión sobre la bocina del de Cincinnati en el Barclaycard Center puede significar el todo para los azulgrana y, quién sabe, si la nada para el Real Madrid. Es evidente que todavía quedan muchos partidos por disputarse en este TOP16, pero la canasta de Doellman y el segundo triunfo consecutivo de los  Xavi Pascual en la pista blanca (algo que no sucedía desde 2010), puede generar dudas en un equipo, el de Pablo Laso, muy mermado con respecto al de hace una campaña. Ese Real Madrid intratable de 2015 – campeón de todo – parece que se quedó en el camino. Lesiones de jugadores importantes, mala gestión con los refuerzos y una defensa demasiado débil, hacen que los blancos no terminen de cuajar. En cualquier caso, el 86-87 aporta tranquilidad en Can Barça tras una serie de derrotas consecutivas en Euroliga lejos del Palau Blaugrana: Panathinaikos, Lokomotiv Kuban, Olympiacos y CSKA Moscú. La victoria en la cancha del actual campeón de Europa nunca debería ser un triunfo más. La canasta de Doellman y la gestión del partido desde el banquillo en el último minuto con cinco abajo (85-80), tiene que ser el inicio de algo importante e ilusionante. Un nuevo Barça.