@jmolivan

En tiempos tan convulsos y problemáticos como los que nos está tocando vivir, resulta relajante mantener la atención en el espectáculo deportivo, en general, y el futbolístico en particular. Estamos en plena vorágine competitiva con la Liga, la Champions, la Copa del Rey, la ACB y  el despegue de la atractiva NBA. Las selecciones también piden paso, con la repesca para la Eurocopa de Francia 2016, o la lucha enconada en América, camino del Mundial 2018. Es la permanente magia del deporte. A nivel nacional, la competición doméstica nos está dejando perlas interesantes. De entrada, R. Madrid y FC Barcelona quieren dejar clara su supremacía respecto al resto de rivales. Y eso que, tanto blancos como blaugranas, están luchando contra la temible lacra de las lesiones. Messi, Iniesta, James o Benzemá son piezas que se han caído del tablero a las primeras de cambio y que muy complicadas de sustituir. Aun así, el R. Madrid tira del carro, con un Keylor extraordinario y el dúo Neymar- Suárez mantienen muy vivo al Barça, a la espera del retorno de los lesionados. Estamos en la fase de no perder comba, ni quedarse rezagado. Ya llegará el momento de apretar las tuercas e intentar el despegue. Es evidente que el Clásico del Bernabeu  dejará detalles importantes, pero en absoluto definitivos. Del resto, valora el esfuerzo constante del AT. Madrid por mantenerse en la élite. De Valencia, Villarreal y Sevilla, confieso que esperaba mucho más, con la prudencia que supone opinar a estas alturas del curso, ya que la cosa puede dar un giro, para bien o para peor, en cualquier momento. Mención aparte para el RCD Espanyol. El equipo no encuentra el camino de la regularidad. Alterna buenos encuentros con tardes para olvidar. Falta equilibrio, algo normal en un bloque que ha perdido toda la columna vertebral. Es cuestión de tiempo, de paciencia y de trabajo. Pero sin dormirse en los laureles, como ocurrió en Vallecas o en Riazor. El lastre económico no ayuda para nada. Darle un giro total al bloque, temporada tras temporada, supone una dificultad añadida y un riesgo de peligrosas consecuencias. Es la ley de la supervivencia en este fútbol tan complicado.