@jmolivan

Desde que Ernesto Valverde aterrizara en el FCB, allá por el mes de junio, he  ponderado su enorme capacidad de trabajo y el buen rollo que transmite al vestuario y, en general, al entorno de la entidad. Son facetas que, sin duda, contribuyen a la gran trayectoria del equipo. El método del Txingurri transmite seguridad, confianza y, ante todo, justicia en el trato profesional a los jugadores. Cuando arrancó la temporada toda la plantilla partía en igualdad de condiciones. Recuerden, por ejemplo, que jugadores como Deulofeu, Denis Suárez,  Aleix Vidal o Paco Alcácer disfrutaron de oportunidades como para demostrar si podían ser importantes en el nuevo esquema del técnico. Unos lo aprovecharon más que otros, pero ninguno pudo sentirse marginado por el nuevo míster. Unicamente Arda Turan, por razones obvias, ni pudo ni quiso entrar en la dinámica del grupo. Los resultados, superado el ecuador de la temporada, hablan por sí solos. El FC Barcelona tiene al mejor portero de la liga, a la segunda defensa menos goleada, una sinfonía de cuantiosos quilates en el medio campo y la primera pegada ofensiva del mundo.  Todo ello, aderezado por  la batuta del mejor pelotero del universo futbolístico.

Resulta evidente que la plantilla goza de un nivel brutal, nadie osaría ponerlo en duda. Pero la eficaz dirección del Txingurri ha recuperado a un carrilero descomunal como Jordi Alba, denostado  por el anterior entrenador. En tareas creativas estamos ante un  Andrés Iniesta que vuelve a sentirse decisivo, interpretando el fútbol como nadie puede hacerlo. Ernesto se empecinó en la contratación de Paulinho, en contra de casi toda la parroquia. El jugador brasileño aportaba al FCB un perfil del que carecía el vestuario. Por eso insistió tanto. Ernesto volvió a acertar y ahora muchos oportunistas  se suben al carro de la vanidad.

A nivel personal, gratifica ver al técnico del primer equipo del FCB siguiendo  los partidos del filial, en el Mini, o concediendo minutos, cuando es preciso, a los Aleñà, Arnaiz y compañía. Como valoro de manera sobresaliente su elegancia y comportamiento en la sala de prensa, respetando a rivales, colegiados, aficiones rivales y a los propios medios de comunicación. Es un ejemplo de sensatez y humildad, impropia de un fútbol tan manipulable y maleducado. Y todo ello, desde la más absoluta normalidad. Por eso Bilbao le idolatra, en Olimpiakos es un mito y en  la puerta 89 del RCDE STADIUM seguirá brillando, mágico y luminoso, el nombre de Ernesto Valverde. Ha nacido la MARCA VALVERDE