Al PSG le sigue faltando lo mismo que el año pasado, un escudo de un club ganador. Y eso, no se consigue de un día para otro y a golpe de talonario, sobre todo cuando te enfrentas ante equipos como el United, el Madrid, el FC Barcelona o la Juventus italiana.

El equipo entrenado por Unai Emery pecó del mismo defecto del que pecó el día del 6-1 en el Camp Nou… inocentes, no supieron cerrar el partido, fueron débiles en defensa y el escenario les superó. Si uno analiza las diferencias de la plantilla, se da cuenta que el único cambio es la presencia de Neymar y Dani Alves, ya que Cavani ya era el referente ofensivo el año pasado y Mbappé, cuenta solo con 19 años y poca experiencia en este tipo de partido, igual que el resto de nuevas incorporaciones.

El Madrid de Zidane, con todos sus problemas (que siguen ahí) supo imponer la experiencia y personalidad de sus ya veteranos jugadores para demostrar como se gana con el peso de la historia un partido y casi una eliminatoria.

A la espera de la vuelta, el fracaso del PSG es estrepitoso, pero solo lo es por la propia presión que se ponen estos clubes nuevos ricos, donde solo la Champions League les separa del éxito y el fracaso. El PSG o el City pueden comprar grandes estrellas, ganar partidos y competiciones ligueras, pero en las grandes noches europeas en estadios como el Bernabeu o el Camp Nou, la historia tiene un peso y eso no se puede comprar con petro dólares.