Nos ha dejado Tito Vilanova, tras una maldita enfermedad, a la que todavía no le podemos hincar el diente. Pero algún día, Dios lo quiera, acabaremos con ella, porque…joder, ya son demasiados, los amigos, y gente de bien, que se nos ha llevado. Tito quedará siempre en nuestro recuerdo, por muchas cosas, algunas de ellas, altamente significativas.

Sincero, directo, a la vez que elegante en su discurso, siempre estuvo instalado en la normalidad, y en la naturalidad. Todo el mundo habla bien de él, pero no por el hecho de haber fallecido, que es lo habitual, sino por la huella que dejo a lo largo de su existencia. Y ahora sólo se repite, lo que ya se dijo de él en vida.

Quisiera destacar, algo que aún no he oído, y para mí, es muy importante. Tito Vilanova, fue un referente, a la vez que un promotor, de un grupo de gente, fundamental en el fútbol, los segundos entrenadores. Gente profesional, estudiosa, que pica piedra de sol a sol, que se lleva el trabajo a casa, que la prioridad en su vida suele ser su equipo, y que apenas saborea la gloria, porque esta suele ser para el primer entrenador. Y que en el fracaso, suele desaparecer, tras su jefe, sin tener, la mayoría de las veces, la opción de intentar direccionar la nave, hacia el rumbo que él desea.

Tito tuvo más suerte que la mayoría de segundos entrenadores, y fue el elegido para dirigir al Barça, tras la marcha de Pep Guardiola. Tito, ahí, estuvo tocado por la mano de la fortuna, y consiguió, así, un sueño que muchos de nosotros, la inmensa mayoría, jamás conseguiremos, entrenar a nuestro equipo. Entrenar al FC Barcelona. Y justo en el momento más álgido de su carrera profesional, el infortunio de una enfermedad feroz, primero le apartó de su sueño, y después le apartó de su familia, de su gente, de todos nosotros, le apartó de la vida.

De sus últimas palabras, siempre me quedaré, con lo que dijo en una entrevista para televisión. “Por quien más mal me sabe, es por mis hijos, son muy jóvenes, y aún me necesitan”. Quienes tenemos hijos jóvenes, entendemos perfectamente lo que quiso decir Tito. Y sabemos, como sabía él, que nuestros jóvenes hijos, no pueden tener mejor brújula que nosotros.

Es admirable, como ha reaccionado el mundo del deporte, tras la muerte de Tito. La sensibilización ha sido mundial, y las muestras de afecto y de cariño, multitudinarias. Todos han estado ahí, rindiendo un sentido homenaje, a un ejemplar hombre del deporte. Empezando por su máximo rival, el Real Madrid, que fue quien primero tuvo oportunidad de ello, en el partido de básquet de la euroliga, ante el Olimpiacos, donde el minuto de silencio, fue seguido con una corrección absoluta, por parte de todos los asistentes al encuentro.

Aún podemos hacer algo por Tito Vilanova, respetar al máximo, la intimidad que ahora su familia desea. Que su dolor, a la vez que su amor, no sea interrumpido por nada, ni por nadie. Que sepamos los medios de comunicación, y las redes sociales, cual es nuestro lugar, y nuestro cometido, en estos momentos.

Tito, tant a la vida, com tu deies, i després d´ella, “seny, pit i collons” amic. Descansa en pau.