A la tercera fue la vencida. Tras ofrecer grandes sensaciones con un baloncesto alegre y ofensivo durante estas dos últimas temporadas, el Real Madrid liberó tensiones el fin de semana en el parquet del Barclaycard Center.

2013 y 2014 fueron años difíciles para una sección que, siendo quizá el favorito en ambas finales (Londres y Milan), no pudo celebrar la Euroliga tras caer ante Olympiacos  y Maccabi Tel Aviv.

A pesar de contar con una de las mejores plantillas del viejo continente (Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Felipe Reyes, Gustavo Ayón o Sergi Llull), este título es especial para un hombre: Pablo Laso.

El entrenador vitoriano, que tenía casi los dos pies fuera de la club a finales de la campaña anterior después de perder la Final de la Euroliga y la Final de la Liga ACB con factor pista a favor, supo sobrevivir ante la crítica feroz que le culpabilizaba de todos los males del equipo. De hecho, la última imagen de Laso la temporada anterior era abandonando (en silla de ruedas) el Palau Blaugrana en el cuarto partido de la Final por el título liguero.

Pasó el verano y Pablo siguió trabajando en silencio. Empezó la campaña 2014/2015 en el alambre pero convencido de su buen trabajo. En Octubre, cayó la Supercopa. En Febrero, la Copa del Rey ante el Barça en la gran final. Y ahora en Mayo, esta Euroliga tan buscada como soñada por Florentino Pérez. 20 años después del título logrado en Zaragoza con Zeljko Obradovic en el banquillo, el Real Madrid vuelve a ser campeón de Europa. Sobrevivir y trabajar. Trabajar y sobrevivir: receta de un Pablo Laso que se ha ganado el respeto de sus colegas, de la afición y de la propia directiva del Real Madrid.