A menudo nos encontramos con clásicos, sobre todo en la primera vuelta, que no deciden demasiado, dado que aún queda mucha liga por delante. Pero no es el tipo de clásico que nos ocupa hoy, ya que el de este fin de semana, puede ser trascendental para el Real Madrid. De ahí que en mis post de esta semana, me haya centrado mucho en la distinta importancia que tiene el resultado del clásico para uno y para otro, para el Barça y para el Real Madrid. En el caso del Barça, que se encuentra en una situación muy buena, líder en la liga con tres puntos de ventaja sobre el Real Madrid, y clasificado para los octavos de final de la Champions, podríamos decir que el objetivo, que era llegar a final de año con posibilidades en todas las competiciones, se está cumpliendo, incluso mejor de lo esperado. A partir de enero de 2016, con la sanción de la FIFA superada, por lo tanto, con Arda Turán y Aleix Vidal a disposición del mister; y con uno o dos fichajes, en el mercado de invierno, para cubrir la baja de larga duración de Rafinha y reforzar algo más al equipo, que en los primeros cuatro meses de temporada ha podido rotar poco, el horizonte azulgrana se podrá contemplar más positivamente. Todo ello nos lleva a la conclusión, de que el resultado que se pueda producir este sábado en el clásico, aunque importante, no es demasiado trascendente para el FC Barcelona.

En cambio, para el equipo de Rafa Benítez, y para el propio mister, el partido es de mucha trascendencia. Relevancia que adquiere el encuentro tras la derrota del Real Madrid en Sevilla, en la anterior jornada, que hizo posible que el Barça se situara tres puntos arriba, y que el madridismo se quejara muy abiertamente de lo que hasta ahora comentaba en voz baja. Yo siempre soy muy partidario de dar un amplio margen de confianza a los entrenadores, y más en su primer año, pero sabemos que esto es muy difícil en dos equipos como el Real  Madrid y el Fc Barcelona. Y, según parece, el margen de confianza de Benítez, en caso de derrota este sábado, se agotaría aceleradamente, aunque este no fuera el motivo principal, sino el motivo final. Demasiado se ha hablado en el club blanco, y entre su afición, de que no gusta la manera de dirigir al equipo que tiene el míster, y que aunque él presuma de que se encajan pocos goles, todos son conscientes de que ello se debe, en gran parte, al fantástico estado de forma de Keylor Navas, y no a la buena estructuración del sistema defensivo de Rafa Benítez. Por otro lado, según me comentan, el vestuario no está nada de acuerdo con los movimientos tácticos que el míster propone, y su insistencia a la hora de corregir situaciones para llevarlos a cabo a la perfección. Y dentro del propio vestuario, el problema que intuimos que existe entre el crack y el entrenador, ya que está claro que Cristiano y Benítez no ven el fútbol igual.

Y en el siguiente artículo, más centrado en los sistemas tácticos, he expresado mi deseo de que el Barça jugara este encuentro del Bernabéu con un 4.4.2, ya que preferiría que Leo Messi disputara sólo los últimos treinta minutos, cuando los jugadores del Real Madrid ya llevaran sesenta en sus piernas, y el Barça buscara el efecto que la incorporación de Leo provocó en el Manzanares; Messi salió con el 1-1 en el marcador y solucionó el partido, marcando el definitivo 2-1. Me gustaría de inicio un 4.4.2, con los cuatro de la zona ancha colocados en rombo; en el vértice bajo, Javier Mascherano; a la derecha, Sergio Busquets; a la izquierda, Sergi Roberto; y en la vértice superior del rombo, Andrés Iniesta. Para situar en punta, a Neymar, con mucha libertad de acción, y no pegado a la línea de cal, y a Luis Suárez con su juego habitual de movimiento por el centro del ataque, y por la derecha si lo cree oportuno. El Barça jugando con este sistema, controlaría bien el centro del campo, y taparía mejor las posibles incursiones por las bandas de Danilo y Marcelo, estaría bien cubierto en la retaguardia al mantener las posiciones, y podría ser letal en ataque como viene siendo habitual, con Neymar y Suárez.