@jmolivan

El fútbol, como cualquier otra actividad lúdica, debe tener su porción de espectáculo. El espectador paga una entrada o un abono para disfrutar de una función que le entretenga y aleje de la tensión cotidiana. En definitiva, se trata de pasarlo bien. Pocos aficionados discutirán un buen mate en baloncesto, sea cual sea el marcador, ni una mágica dejada en una pista de tenis. Escribo esto porque no concibo ciertas críticas al famoso penalti indirecto lanzado por Messi ante el Celta. No comparto, para nada, la falta de respeto hacia el rival. Entre otras razones, porque ningún jugador, ni miembros del cuerpo técnico rival, se manifestaron en tal sentido. Es evidente que, si estás en el campo y tienes enfrente a toda la sinfónica blaugrana, la procesión de dolor debe ser incuestionable, pero siempre desde el punto de vista profesional de querer ganar un partido y contemplar, con enorme impotencia, que estás frente a un equipo que te pasa por encima como una apisonadora.

 No comparto la deriva negativista que está tomado el fútbol. Todo se analiza desde un claro contenido extremista. Parece que lo sensacionalista y escandaloso vende. Existe muy poco criterio objetivo, aquí y allí, en blaugrana y en blanco. Todo tiende a magnificarse y exagerarse. A los que nos gusta el fútbol, independientemente de colores y rivalidades, entendemos perfectamente que los jugadores intenten elevar el nivel del espectáculo. Como en el cine, en el circo o en un partido de la NBA. Te llames Messi, Cristiano, Maradona o Johan Cruyff.