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Galaxy Note 10 y Galaxy Note 10+ bien pueden ser los teléfonos más bonitos que ha hecho Samsung. Y también los mejores.

Samsung acaba de presentar Galaxy Note 10 y Galaxy Note 10+, sus nuevos teléfonos de un gama que nació como phablety que hoy, gracias a la reducción de marcos y al aumento del tamaño de todos los dispositivos del sector, e queda simplemente en móviles de cierto tamaño. Uno de ellos, Galaxy Note 10, con sus 6,3 pulgadas de pantalla, ni siquiera se diferencia mucho del Galaxy S10+. Pudimos probar ambos y éstas son nuestras primeras impresiones.

Generalmente, cuando acudes a un evento de una compañía que fabrica móviles, todos los trabajadores de ella tienen uno de sus teléfonos. Es lógico -son la cara visible de la firma y tienen que representarla- y posiblemente una ilusión; no todos lo utilizarían si no tuviesen que hacerlo. Pero en el caso de Samsung es curioso ver cómo prácticamente todos optan por algún modelo del Note. Tiene sentido: es el mejor teléfono para trabajar.

Los nuevos Galaxy Note 10 y Galaxy Note 10+ siguen esta línea. Y no son para todos, con unos precios de partida de 959 euros y 1.109 euros, respectivamente. Es alto, sin duda, pero también lo son su rendimiento y sus especificaciones: procesador Exynos 9825, 8 (Note 10) o 12 (Note 10+) GB de RAM y no menos de 256 GB de almacenamiento. La batería será de 3500 o 4300 mAh, también en función del modelo. De entrada parece que se queda corto, pero es cierto que la autonomía ha sido una de las características definitorias de estos teléfonos, así que hay que darles el beneficio de la duda. A esto hay que unir una espectacular pantalla AMOLED de 6,3 o 6,8 pulgadas.

Son los teléfonos con mayor proporción de pantalla respecto a cuerpo que han conseguido en esta gama y se nota. El Note 10, a pesar de partir técnicamente como el modelo económico -todo lo económico que se puede ser en estos precios- es sorprendente. Todo en él es pantalla y ocupa lo mismo que un S8, que cuenta con media pulgada menos de panel.

La cámara frontal vuelve a tener forma de círculo y se coloca exactamente en el centro del dispositivo, lo que da una imagen mucho más simétrica. No es solo que el Note 10 sea guapo, es que encima se ha arreglado para salir. Se ha comprado tres trajes, dos de ellos en común (el muy llamativo Aura Glow y el mucho más sobrio Aura Black) y otro en exclusiva para cada modelo (Aura White para el Note 10+ y Aura Pink para el Note 10).

El resultado es el que posiblemente sea el Note más bonito y puede que también el teléfono más elegante que ha hecho Samsung. Quienes prefieran algo menos llamativo podrán elegir entre el modelo negro o incluso el rosa, pero quienes se quieran lucir podrán optar por el Aura Glow, un arcoíris portátil que, eso sí, se llevará tantas miradas como marcas de dedos. Era demasiado bonito -literalmente- para ser cierto.

Todos los botones se encuentran en esta ocasión en el lado izquierdo del terminal, que -por fin- abandona la tecla dedicada para Bixby (no así el asistente, que acudirá a la llamada de quien mantenga presionado e botón de bloqueo de forma prolongada). Junto a ella, por cierto, se fue el puerto de los auriculares; una marcha mucho más difícil de asumir para muchos.

Estos cambios de diseño tienen otra consecuencia que puede llegar a ser más relevante de lo esperado: el Galaxy Note 10 no tiene botón de apagado. En su lugar, hay que pulsar el botón de bajar el volumen y el de bloqueo al mismo tiempo o, sencillamente, deslizar el dedo desde la parte superior y dar al nuevo botón virtual que hace que el móvil sueñe con ovejas mecánicas.

Además, por supuesto, vuelve el S-Pen y trae nuevas funciones. Como siempre, se encaja en el cuerpo del dispositivo y tiene su propia batería (Samsung asegura que llega a las 11 horas de uso, muchas más de las que pasamos con el teléfono, por lo que no lo podemos confirmar).

Tal vez lo más práctico sea que ahora las notas que se toman con él las transcribe a texto plano el propio móvil y he de decir que se comportó como un campeón con mi letra, más parecida a la que se podría encontrar en una receta que a la de alguien que estudie caligrafía. En cualquier caso, se supone que el Note 10 aprende de sus errores -para ello hay que corregírselos- y cada vez interpretará mejor la letra del usuario. Después se pueden compartir en distintos formatos como PDF o, ahora sí, Word.

Aparte de esto, casi todas las novedades del lápiz están enfocadas al uso a distancia de la cámara. Es capaz, por ejemplo, de cambiar entre la frontal y la trasera o hasta de hacer (y deshacer) zoom con unos movimientos.

A falta de pasar más tiempo con ambos, está claro que el Note 10+ más que un buque insignia, es un portaaviones; el Note 10, un yate. Y su precio, desde luego, pone a ambos más cerca de los bolsillos de quienes se puedan permitir alguno de estos barcos que de quienes nos conformamos con una colchoneta. En cualquier caso, se podrán reservar desde hoy y se pondrán a la venta el 23 de agosto.

EL MUNDO