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El Barcelona hizo una primera parte excelente en El Alcoraz. Dominó durante los 45 minutos con solvencia. No dejó jugar a su rival ahogándole con una presión alta muy efectiva. Tuvo además muchas oportunidades para irse al descanso con uno o dos goles más. La segunda parte no fue tan brillante como la primera aunque el equipo de Koeman siguió mandando y dispuso de varias ocasiones más que no supo aprovechar. Y al final, el Huesca se fue estirando y a punto estuvo a punto de darle un susto.

Lo de ayer no fue un hecho aislado. Al Barcelona le cuesta horrores cerrar un partido. Tiene un problema de efectividad preocupante. Necesita muchas ocasiones para marcar. Ayer Leo no estuvo fino de cara al gol, Braithwaite no tuvo una ocasión en todo el partido, Pedri falló dos clarísimas y Griezmann no tocó bola en los diez minutos que estuvo en el terreno de juego.

El más activo fue Dembélé, pero también falló más de la cuenta en el disparo. Y mientras tanto, Luis Suárez hinchándose de goles en el Atlético. El problema de la falta de un goleador no es de ahora. Esta carencia está diagnosticada desde hace tiempo y cada vez se hace más evidente. Se han ido muchos puntos por esta ya habitual falta de gol.

No lograron fichar a Depay en verano, veremos si pueden en invierno. La recuperación de Ansu Fati será fundamental. Pero si el Barcelona no es capaz de solucionar su problema de gol no conseguirá cumplir sus objetivos.

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