El Barça celebró el campeonato de Liga liquidando al Real Madrid en un Clásico sin mucha historia. Los azulgranas se comportaron como lo que son. Un conjunto cuajado, solidario, con los mecanismos ajustados aunque falten piezas, sean de lujo o de reemplazo. Agresivos en la presión, generosos, convencidos de la idea que comparten con su entrenador. Un equipo, vaya, donde manda Hansi Flick y los futbolistas se ponen a su servicio. Algo que fue el Real Madrid no hace tanto, y que hoy parece un recuerdo lejano.
De hecho, el Barcelona es un buen espejo en el que mirarse. Hace dos años parecía un club al borde de la parálisis, sin modelo, resultados ni dinero. Acertó Laporta con el nombre y dejó hacer. Hansi Flick encajó todas las piezas y a la vista está resultado. Pone a quien considera y sienta a quien él decide. Con sus errores, claro. Quizá con demasiado riesgo defensivo. Pero le merece la pena. Todo dentro de un orden natural. Lo del verde es cosa suya y de nadie más. Por encima de cualquier futbolista. En el Madrid es evidente que hace demasiado tiempo que los papeles están invertidos..
Esa comparación se puso de relieve en un Clásico que fue la culminación para los blancos de una semana horrible. Un mes pésimo. Una temporada espantosa. Con uno de los dos púgiles de Valdebebas en el once, Tchouaméni. Con VInicius Junior como capitán. Con Courtois forzando para volver. Sin Mbappé, que no forzó cuando el Madrid le necesitaba. Y sin Huijsen, que llegó tocado y se cayó en el calentamiento. Un panorama estupendo para plantar cara al mejor equipo de LaLiga. Que también tenía bajas el Barça. Y gordas. Lamine y Raphinha. Y Lewandowski más De Jong en el banquillo. Intuía el Camp Nou el alirón y un festín. En nueve minutos ya tenía LaLiga en el bolsillo. En 18, la grada pedía la manita.
La igualdad inicial se esfumó a balón parado. En una falta escorada a la derecha, por donde transitaba Rashford, el inglés lució pegada. Amagó buscar la escuadra próxima, Courtois dio el pasito fatídico y se encontró con la pelota sobre su ángulo. Pese a sus dos metros, no llegó al extraordinario remate de Marcus, estilo Declan Rice. Trató de reaccionar el Madrid por el costado de Vinicius, forzando hasta tres córners para imponer su jerarquía física. No sacó rédito y el segundo golpe mandó a la lona a los blancos. Buscó el pase diagonal Fermín a la incursión de Olmo, dejó de espuela para Ferran, no persiguió Asencio y el valenciano completó el segundo. Éxtasis azulgrana.
El 2-0 antes del minuto 20 presagiaba una escabechina. Y ahí, justo es reconocerlo, se revolvió el Madrid. Asencio, que había corregido con velocidad un par de incursiones azulgranas antes de despistarse en el 2-0, puso un pase magnífico a Gonzalo. Se zafó entre los centrales y se quedó solo, pero su remate mordido se fue al lateral de la red. Y en un desajuste de Gerard Martín se coló Bellingham por derecha y su pase de gol lo achicó Eric García. Vislumbró Pedri el riesgo y reivindicó la importancia de los centrocampistas que gobiernan el juego. Agarró la pelota, la escondió, giró adelante y atrás… Se jugó a lo que quiso el 8.
Pudo anotar el Barça antes y después del descanso. En dos mano a mano. De Rashford en el primer acto, de Ferran en el segundo. En ambas evitó se hizo gigante Courtois. Lo que es. Pero el duelo estaba más equilibrado. Volvió a lucir pase largo Asencio rumbo a Bellingham y el inglés cayó desplomado. No vio nada el mundialista Hernández en directo, y en el VAR Iglesias Villanueva, que como árbitro ya fue discreto, no debió ver tampoco el codo de Eric García en el rostro del inglés. Una broma, oiga. Que no es que el Madrid perdiera LaLiga ni el Clásico por el penalti al limbo. Pero queda feo.
Tuvo otra opción Vinicius para descontar, de nuevo habilitado por el pase largo de Asencio y facilitado por el error de Cubarsí. Joan García amarró el 0 en su portería. Flick usó los cambios con sentimiento. Metió a Raphinha, De Jong y Lewandowski, alguno con aroma a despedida. Y Arbeloa evitó la segunda amarilla de Camavinga antes de buscar refrescos al retirar a Brahim, el más inspirado con la pelota, y a Gonzalo, errático. Pudo agrandar la herida el equipo azulgrana, pero todos querían su diana y perdonaron opciones claras Lewy y Raphinha. Se marchó Fermín, que no dejó de correr y de dejar su sello personal en cada duelo, y se acabó el partido y LaLiga. Con los madridistas dando la enhorabuena a los campeones y el pésame a Flick, de luto tras perder a su padre. Es su Liga y la de Pedri. El Barça es un equipazo redondo.









