Publicidad

Serena Williams: la última líder

Deja el tenis siendo considerada la más grande de siempre, capaz de conquistar 73 títulos y 23 ‘grandes’, pero sobre todo de romper barreras sociales e inspirar con su carisma a una nueva generación de estrellas

Serena Williams: la última líder

En una escena de la oscarizada película ‘El Método Williams‘, Richard se dirige a una Serena que parece tener ‘una basurita en el alma’ como decía Mafalda ante el despliegue mediático -y familiar, que en aquellos tiempos y para ella ambas cosas era la misma- centrado en una Venus que entrenaba tanto y tan fuerte como ella, pero a la que llegaba el éxito antes: “Venus va a ser la mejor tenista, pero tú serás la mejor de todos los tiempos. No habrá otra como tú“, le dice. ¿Real o ficción? Bueno, teniendo en cuenta que las hermanas participaron en la producción, quizá algo de ello hubiera. Y desde luego, la ‘predicción’ fue exacta. Serena Williams perdió por 7-5, 6-7(4) y 6-1 ante la australiana Ajla Tomljanovic en la tercera ronda del US Open para poner fin a su legendaria carrera.

“Hay muchas cosas por las que se me puede recordar. Por ejemplo la lucha. Soy una luchadora. Creo que he dado, y sigo dando, algo al tenis. Mi intensidad y obviamente la pasión, es una palabra muy bonita. He seguido pese a los altibajos. Estoy muy agradecida por estos momentos y por ser Serena”, dijo en la rueda de prensa posterior al encuentro.

16617992544105
El mundo del tenis, y del deporte, es muy propio para las discusiones sobre si tal o cual es el mejor de la historia. Son cuestiones, en realidad, irresolubles porque es imposible comparar generaciones dando, además, por descontado el hecho de que cualquier deportista actual es ‘mejor’ en términos de físico y tiene a su disposición mejores materiales de todo tipo, médico y técnico, que sus predecesores.

Sin embargo, si reparamos en la que la carrera de Serena Williams ha abarcado cuatro décadas (desde su debut en 1995, perdiendo 6-1 y 6-1 ante Anne Miller hasta este US Open), que se ha enfrentado a varias generaciones, que es quien más torneos de Grand Slam ha ganado en la Era Open (de los 24 de Margaret Court, 13 fueron anteriores a 1968, si bien este dato no es tan significativo en el tenis femenino como en el masculino) y que a su carrera sólo le falta ese Grand Slam que Steffi Graf conquistó en 1988, bien puede reconocerse que Serena Williams tiene sobrados argumentos para entrar en esa tan traída y llevada discusión.

16617994084810

Retirada de Serena Williams: las sospechas e insidias iniciales

En la hora del adiós, todo son alabanzas y parabienes. Sin embargo, en sus primeros tiempos les costó verse reconocidas por parte del mundo del tenis. El racismo USA de los años 90 no era el de los 40 o 50, cuando directamente no se les hubiera permitido jugar, pero debieron aguantar insidias como constantes alusiones a que su estilo era ‘poco femenino‘ (igual que pasó con Navratilova) al igual que su aspecto musculado -“los hermanos Williams” las llamaban una cierta cantidad de estúpidos- o se percibían ecos sobre el tipo de entrenamiento al que habian sido sometidas en aquellos años en los que su padre decidió que no jugarían torneos juniors, buscando cobardes ‘explicaciones’ (nadie tuvo el valor de tirar la piedra, ni siquiera escondiendo la mano, aunque algún eco podía percibirse) al poderío físico que desplegaban. Se decía también que Richard, que en cada partido de sus hijas montaba un ‘show’ en la grada, controlaba los resultados entre ambas pero, como sabemos, quedó al nivel de la rumorología.

16617996122006

Serena debutó, queda dicho, en 1995, a los 14 años, pero no fue hasta 1999 cuando empezó a frecuentar las finales. Y lo hizo arrolladoramente. En ese penúltimo año del siglo XX, en el que Steffi Graf decía adiós, Martina Hingis recibía un correctivo de la alemana en la final de Roland Garros, y Mónica Seles y Jennifer Capriati pugnaban por volver, Serena ganaba su primer título en el Gaz de France, el ‘indoor’ invernal de París, y seguía en el luego ‘maldito’ Indian Wells, en Los Angeles, en el US Open y en la entonces existente Copa del Grand Slam

Aquel año, entre ambas ganaron 11 de las 49 citas del calendario. El 8 de julio de 2002 Serena Williams llegó por primera vez al número 1 del mundo. Lo sería por última vez en mayo de 2017. Ese 2002 conquistó por primera vez Roland Garros y Wimbledon. El Open de Australia llegaría en 2003: su primer Grand Slam en la carrera. Tiene tres, y dos en dobles.

¿Qué era ese estilo poco ‘femenino’ del que se hablaba? Quizá se refiriera a que llevaran, por primera vez, el servicio a cerca de los 200 kilómetros (124 millas) por hora, a que se anticipaban a golpear la bola o que cada uno de sus golpes, apoyados por esa potencia física, buscara el ‘winner’ en una ofensiva permanente. Y ciertamente, si alguna de esas características ya se habían visto antes, no con la intensidad con la que jugaban Serena y Venus. ¿Eso era un defecto? Para ellas no y para el tenis, como vemos ahora, tampoco.

16617987382544

La carrera de Serena fue más contundente que la de Venus. A la hora del adiós, la menor de las hermanas suma 73 títulos, de los que 23 son del Grand Slam. Venus se quedó en ‘solo’ 49, con siete ‘grandes’. Y era inevitable que esa longevidad y eficiencia deportiva crearan escuela. Ante la raqueta de Serena han pasado jugadoras como Hingis, Pierce, Capriati, Henin, Myskina, Sharapova, Kuznetsova, Clijsters, Mauresmo, Ivanovic, Kvitova, Stosur, Azarenka, Na Li, Stosur, Bartoli, Kerber, Muguruza, Stephens, Ostapenko, Halep, Osaka, Barty o Swiatek: tres o cuatro generaciones de tenistas y, tras ella, queda un circuito femenino muy diferente al que llegó. En los primeros años 90 había una distinción muy clara entre las ‘top 5’, más o menos, y el resto: las sorpresas eran muy escasas. Ahora, por el contrario, lo que es difícil es que se cumpla algún pronóstico. El tenis femenino se ha igualado mucho y no parece que precisamente por abajo, como dicen los eternos críticos: el factor fundamental, ahora, es la confianza y la competitividad y en eso tiene mucho que decir el ejemplo de Serena Williams.

16617997245371

Retirada de Serena Williams: enfermedades y lesiones

Serena se ha mantenido en primerísima línea durante 20 de los 27 años de carrera que va registrar. Ha sufrido lesiones y enfermedades -una embolia pulmonar y problemas de coagulación durante el parto de su hija, que pusieron en riesgo su vida. Ganó el Open de Australia 2018 con dos meses de embarazo, por cierto- pero ni por ellas ni por sus rivales se ha dejado dominar. La ha retirado lo único que a una deportista como ella, como pasará en su día con Rafael Nadal: la edad, que nos vence a todos. El físico, en último término. Y sí: ella ha sido, hasta ahora, la última dominadora del tenis femenino. Tras ella deja un circuito sumido en una guerra de todas contra todas en las que, por el momento, sólo Iga Swiatek saca la cabeza con alguna regularidad.

Existe una opinión que afirma que este estado de cosas no es positivo para el tenis femenino. Que una líder, o al menos un grupo estable de luchadoras por el liderazgo, favorece a la difusión del deporte. Quizá sea así, pero eso no es problema de Serena. Ella ha sido, en efecto, líder, ha favorecido al tenis femenino y, también, lo ha cambiado. Quizá en el futuro, en una temporadas o pasado mañana, surja esa jugadora predominante que algunos echan en falta pero, desde luego, muy difícil será que su significación llegue a acercarse a la de Serena Williams.

Ads