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Canto a la estupidez

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No sé si es que me estoy haciendo mayor y veo la vida de otra manera, o es que Barcelona está envejeciendo mal. Las escenas que vivimos post partido el pasado domingo reflejan la decadencia de una ciudad que ha sido la envidia del mundo los últimos años. Adolescentes y adultos que no conocen la historia del Barça, pateando y escupiendo sobre el coche de Ronald Koeman. Increpando a Carles Puyol. Subiéndose encima del coche de Jordi Alba. Todo esto ante la extraña mirada del mundo. 

 

Barcelona es una ciudad que se ha vuelto sucia, insegura y sin ley. A nivel local es un hecho. A nivel nacional e internacional, quizá haya pasado desapercibido. Hasta el domingo. El fútbol no conoce fronteras y las imágenes de los altercados han salido en las páginas de los periódicos y en las televisiones de media Europa. El fútbol como consecuencia, la calle como realidad. Y para más inri, Ronald Koeman llevaba en la parte trasera del coche a dos cámaras que le están grabando un documental. Quedará una imagen preciosa de su llegada a casa con Bartina, su mujer, que miraba anonadada lo que ocurría al otro lado de la puerta.

 

Preguntado en rueda de prensa, el neerlandés era claro: “es un problema social”, además de sonreír mientras decía: “había uno con una camiseta del Arsenal” y hacía chascarrillos con TikTok, o “TikTak”. Un incidente por el cual el club trabaja para que no vuelva a ocurrir, mientras el equipo se juega Vallecas no pasar frío en los puestos medios de la clasificación.

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